Velázquez en París.- Eduardo Lastres

En el Grand Palais de París, se ha inaugurado esta semana la primera retrospectiva más importante que se ha hecho de la obra de Diego Velázquez (1599-1660) fuera de España. Exposición que solo ha sido posible gracias a la colaboración de los grandes museos europeos: la National Gallery, el Louvre, el Museo de Viena y la Galería Doria Pamphilj. De manera que nunca antes se había reunido fuera de España en un mismo espacio obras como “La Fragua de Vulcano”, “La Venus del Espejo” y el “Retrato de Inocencio X”. Un gran esfuerzo que responde al interés que siempre, Velázquez, en toda época, concita desde los más exigentes niveles del arte universal. Y no es casualidad que sea París la que recoja esta exposición dado que los pintores franceses, como Manet y Renoir, lo tomaron como artífice de la modernidad del XX. Y por supuesto Picasso, uno de los referentes obligados, que realizó gran parte de su obra en París, para quien la obra velazqueña fue una constante pauta para su análisis de la pintura. La famosa serie sobre Las Meninas de Picasso es un homenaje insólito en la historia de arte, no solo por su extensión en número de obras, también por su profundidad en la investigación del espacio que realiza a partir de este gran cuadro. Picasso en Las Meninas, además de un cuadro maravillosamente pintado, reconoce el principio de lo que llegaría a ser la modernidad de la pintura así como el desarrollo de la primera obra de arte, donde podría aceptarse la idea de arte conceptual. Pero de Las Meninas se podría estar hablando siempre, desde todas las perspectivas posibles, para comprender una obra que contiene todas las características del tratamiento de la imagen, de la escenografía y también del concepto del volumen, o el espacio, como un cajón en la que conviven todos los personajes en un momento y situación, espacio nuevo y singular creado por Velázquez.
Paris puede promover esta exposición por muchas razones, que pueden ser compartidas por cualquier centro cultural del mundo que quiera hacerse o mantener un nombre de prestigio cultural. Pero de todos las áreas del conocimiento desde las que se ha analizado esta obra, es la filosofía la que ha tenido en Francia a sus mayores protagonistas, Jacques Derrida y Michel Foucault, como interpretes de las Meninas en este siglo XX. Leía hace pocos meses, en un suplemento de arte, que solo en las universidades americanas los ensayos sobre Velázquez son del orden de cien anuales. Todo esto da idea de la importancia de la obra del pintor creador más importante de la historia de la humanidad, objeto de estudio por todo el que quiera hablar de arte, de pintura.
La pintura de Velázquez, representa la culminación del Barroco, como proceso de cambio desde el Renacimiento, cuyas figuras principales están en Miguel Ángel, Tiziano y Pedro Pablo Rubens. Artistas y obras que Velázquez consiguió introducir en España y de las que sacó algunas conclusiones que le llevarían a desarrollar su propia obra, yendo mucho más allá, no solo en el concepto pictórico sino estableciendo una idea del espacio que tenía que ver con la realidad, adelantándose más de 300 años a la visión que hoy contempla el arte contemporáneo.
Analizar la obra de Velázquez conlleva muchas y diferentes cuestiones. Como es sabido poseía una de las bibliotecas más importantes sobre arte, filosofía e historia. Tuvo Las Metamorfosis de Ovidio como libro de cabecera durante años, y fue uno de los primeros que introdujo esta iconografía pagana en la pintura española. Es indudable, la influencia de Velázquez sobre el impresionismo, pero también sobre el expresionismo, dada su cantidad de registros pictóricos que van desde la pincelada corta, que construye el plano de la pintura, a los grandes trazos de una sola tirada. Sus espléndidos paisajes tienen la característica de reflejar la realidad pero, al mismo tiempo, añadiéndole determinados aspectos de color, de creación de formas, que van más allá de la mera reproducción de esa realidad. Es el precedente de los registros que, el inglés William Turner(1775-1851) buscará obsesivamente, en esa contemplación del paisaje y su plasmación pictórica no como una imagen fija, fotográfica, sino como una mirada en el tiempo, cinematográfica. Concretar no una instantánea sino una imagen ampliada de la realidad que sugiere la sucesión de lo que acontece. Contar toda la historia en imágenes de esos cambios atmosféricos de la tormenta. Qué decir del dominio del dibujo, que poseía Velázquez, sobre la figura humana o animal, su anatomía, seguramente comparable al Tiziano, pero más naturalista o, a la de Miguel Ángel, pero sin sus extravagancias a la hora de realizar esos escorzos imposibles o la magnitud de las formas.
Una exposición en el Grand Palais que seguro va a suscitar una afluencia masiva de visitantes, pero también un considerable volumen de análisis, de escritos en general, que reflexionarán sobre lo imprescindible de este creador, y sobre una de las aportaciones más importantes a la historia del arte universal. Aprovechen, y si pueden, visiten París en primavera, una de las ciudades más bellas para pasear por sus calles, parques, y para contemplar al más grande artista pintor de la historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.