La noche en los museos – Eduardo Lastres

Este día, que se celebra prácticamente en todo el mundo, plantea un intento de reacción al divorcio establecido entre la sociedad y el arte contemporáneo, debido a las radicales y cuestionables estrategias que el s. XX ha venido desarrollando. Desde “el orinal” de Duchamp (1917), hasta las propuestas del cubismo (1907) o el constructivismo ruso (1919),…, al dadaísmo, el expresionismo, y los movimientos posteriores a la segunda Guerra mundial, el mínimal, el conceptualismo, las performances, las instalaciones, los nuevos realismos…. Una sucesión de propuestas que, cada vez más, han ido despreocupándose de un público, cada vez más alejado de estas nuevas direcciones del arte universal. Sin embargo, esta primera perspectiva está siendo sustituida en la cultura occidental por una reacción contraria, su aceptación sin más. El arte sigue sin entenderse pero está de moda ir a los museos, a ver obra o cualquier otra cosa que se haga en ellos. Las nuevas estrategias de captación de público, de recursos económicos para la cultura y para la ciudad que acoge esta afluencia de gente, han convertido estos contenedores de arte en verdaderos centros para el juego, para la contemplación y la participación más activa del público. Este afán de interacción con el arte en nuestra sociedad ha creado un interés hacia lo nuevo, algo que ya se inició en la América del norte, sobre todo en el Nueva York, en los años cincuenta y sesenta. Y esta base social, aunque haya tardado en llegar a otras partes del globo, es ahora un fundamento para la creación y la gestión del arte y la cultura en general. Si las artes son lenguajes complejos que buscan la conexión y confluencia de diferentes disciplinas o registros tantos científicos, artísticos, como sociales, en la actualidad, más allá de sus significados, los límites son cada vez más imprecisos. Las fusiones, los diálogos multidireccionales, son parte fundamental en los eventos en los que se busca la participación del público. Todo ello ha dado un giro a las estrategias de promoción del arte y la cultura en estos museos. Todo vale, en pro de la participación, si puede ser, masiva. Otra cosa es que realmente genere cultura.
La noche de los museos, la afluencia de público a los eventos programados es ya un hecho constatado. El público acude atraído por las numerosas actividades que se salen del guión habitual de un museo. Ballet, teatro, performances, o cualquier actividad que produzca cierto extrañamiento y muevas sinergias con el espectador. Es por ello por lo que en Alicante, como en otras ciudades, se celebra la noche de los museos. Un acontecimiento que intenta dar a conocer al público los museos que existen en la ciudad y la provincia. Pero lo importante es conseguir que este público se haga un habitual del museo. Cómo se consigue eso, cómo se traslada al espectador toda la información para que pueda entender el arte contemporáneo, y busque conocer y participar más de esta expresión.
El arte plástico no concita el interés de otras expresiones artísticas como por ejemplo la música. Sin embargo en el transcurso de estos últimos años, sobre todo en los países más adelantados en esto de la cultura, el arte plástico, la actividad museística está sufriendo una gran trasformación. Centros de arte como la Tate Modern de Londres, concluye las temporadas con más de siete millones de visitas. Asimismo, el MOMA de Nueva York, el Pompidou en París, o los grandes museos italianos, Vaticano en Roma, o Ufficci en Florencia, son museos de una gran presencia en el mundo del arte, contribuyendo con sus colecciones a ser los grandes catalizadores de las visitas turísticas en sus respectivos países.
Pero qué ocurre en España. Aquí la cuestión cambia sustancialmente, aunque hemos construido un museo en cada ciudad, como el MACA en Alicante, aunque tenemos el Prado y el Reina y alguno más en provincias que nos salvan los números, no hemos conseguido el nivel de complicidad con el arte contemporáneo que se vive en otras ciudades europeas. A qué es debido este desfase. Por qué, a pesar de proyectos publicitarios como el día de los museos, no conseguimos reponernos. Todo se explica analizando nuestra educación, nuestra cultura en su más amplio sentido. La dictadura franquista fue un freno para la creación y la investigación del arte contemporáneo, lo que también cercenó el interés del ciudadano por las artes en general. Pero hay causas más profundas que han conseguido este desinterés, incluso hoy, en los profesionales de la educación y en aquellas personas cuyas profesiones requieren un mayor grado de cultura pero que, sin embargo, no dominan los mínimos para analizar o comprender el arte contemporáneo. No se ha sabido crear el debate sobre los aspectos fundamentales de las artes plásticas, sobre su desarrollo, sobre los artistas, movimientos, tendencias, conceptos. Y basta con hacer las preguntas básicas sobre la cultura de las artes plásticas universales, para darse cuenta de la falta de interés en ellas, y de la confusión que hay al respecto, asumiendo estereotipos y conceptos muy alejados de la realidad. Estas llamadas a la participación colectiva como la noche de los museos son necesarias y a ellas las instituciones deben dar la importancia que se merecen, pues seguimos en números rojos en cuanto a participación. Algo en lo debemos de pensar. Si queremos una sociedad más culta y preparada, el arte es uno de los caminos universales más capacitados para encontrar esas sinergias tan necesarias para la convivencia.

por Eduardo Lastres

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