Arquitectura y Escultura – Eduardo Lastres

Entre las artes visibles en el espacio urbano, la arquitectura y la escultura constituyen la imagen de la sociedad ante la propia sociedad. A veces se olvida con demasiada facilidad que el registro visual que la sociedad deja en el exterior, en la calle, en el urbanismo, es el que prevalece para la mirada posterior, aunque en muchas ocasiones solo quede el documento fotográfico de un edificio, plaza, paseo o momento histórico. Las exposiciones del archivo fotográfico municipal o de colecciones particulares, sobre el Alicante antiguo, que se nos muestran en la Lonja con cierta asiduidad, nos remiten a esa construcción de urgencia y destrucción de ciudad, que no cumple los mínimos requisitos que significan el proceso intelectual y racional de cómo construimos nuestros espacios. Las ciudades españolas en la postguerra nos muestran nuestra historia, son el recuerdo viva de nuestros procesos sociales, incluso de la destrucción consciente de nuestra memoria. Continuar leyendo…

De cómo una Polaroid propició las pinturas de Altamira – Eduardo Lastres

Altamira

Allá por los años sesenta, un grupo de investigadores de diferentes áreas de conocimiento dieron con la invención de la máquina del tiempo. Logro que se ocultó a la comunidad científica, pues no estaban seguros de las consecuencias de sus viajes a través de la historia de la humanidad. Una mañana la máquina del tiempo estaba a su disposición, y se sentían como esos frikies de las películas de ficción sobre máquinas del tiempo y regreso al futuro. Probaron a las afueras de la ciudad, los tres viajeros y el inventor se metieron en la dichosa máquina y pusieron rumbo hacia diez mil años antes de Cristo. A pesar de las contraindicaciones, uno de ellos logró esconder una cámara polaroid entre sus ropas. La tentación de documentar lo que ocurriera era muy fuerte. Al punto, la máquina del tiempo se puso a temblar y girar sobre si misma a gran velocidad y los cuatro amigos se quedaron como dormidos o perdidos en el espacio. Al despertar se encontraron en un paisaje inhóspito, desconocido, en el que sólo se divisaba naturaleza en un estado salvaje. Absolutamente admirados, recorrieron los alrededores, no se miraban ni hablaban entre ellos, hasta que repentinamente apareció un córvido de gran tamaño. Y el de la polaroid casi mecánicamente le sacó una foto. Continuar leyendo…