LA SUPERVIVENCIA DEL ARTE – Eduardo Lastres

Ante la situación de verdadera crisis que está pasando el sector de las artes visuales, se está planteando un profundo debate en diferentes direcciones: la gestión transparente de las estructuras museísticas, la precariedad laboral de artistas y otros profesionales del arte, la educación, el coleccionismo de arte…. No se han establecido las pautas necesarias para el buen funcionamiento de la cultura en este país. Se ha ido improvisando desde la llegada a la democracia hasta hoy y, aunque se han realizado diferentes gestos, son claramente insuficientes y la verdadera inversión en cultura está por hacer. La cultura, en este país, es una actividad a la que desde el poder político no se le ha dado la importancia que merece. Es algo que podemos comprobar en la sucesión de planes de estudios, y en que no logremos situarnos al nivel de la media europea. En algún momento de nuestra historia se intentó superar este grave problema con una educación libre, en la que las ciencias, las letras y el arte tenían la misma consideración y se buscaba la relación entre ellas. El nivel alcanzado fue sorprendente. No podemos olvidar las generaciones de principio de siglo, ni de cómo la universidad española conectó con la europea. Pero después de la dictadura franquista siempre se ha ido por las cuestiones más inmediatas, y no por las importantes, sin darnos cuenta de que en el trabajo de la cultura está gran parte de los recursos económicos para un futuro. En las maneras de estudiar, de plantear los programas de enseñanza de los diferentes países de nuestro alrededor, en los que sí se da la importancia que merece a la cultura, al arte, a la música, la literatura, la imagen, etc…., vemos cómo avanzan en conceptos e ideas que trascienden en una cultura más universal. Pero, en España, los planes de estudios de las escuelas, de las universidades, no han dado este paso, quizás porque no han llegado a ver la necesidad del arte en las materias más comunes. Aunque en este momento se estén realizando esfuerzos para mejorar esto, todavía no llegamos a los mínimos de estos otros países con los que competimos.
Pero analicemos más detenidamente las aparentes contradicciones que hemos ido asumiendo en esta apertura a la modernidad desde la caída de la dictadura. Si cada vez valoramos menos el arte en los programas educativos básicos, por qué se ha estimulado la creación de más facultades de Bellas Artes, de más museos de arte contemporáneo, uno por provincia o ciudad importante….Toda contradicción tiene su lógica. La creación del Pompidou, en París, en el 1997, nos hace ver que un centro de arte contemporáneo, en el que confluyan la investigación de los lenguajes contemporáneos, con la historia, puede rehabilitar una zona muy deteriorada de la ciudad y convertirla en un centro, el más vivo y próspero de todo el país. El modelo Pompidou da lugar al Sofidú, a la creación de El Reina Sofía, un antiguo hospital, que se había quedado en el centro de la ciudad y no sabían qué hacer con él. Ambos proyectos eran diferentes, pero el fin era el mismo, la mirada al arte contemporáneo desde los previos a las vanguardias hasta la actualidad. La historia del pensamiento contemporáneo que por sistema se nos había omitido en la educación franquista. Los políticos de la democracia se dan cuenta de que una actividad museística constituía un hecho importante, económica y socialmente.
Y como todo está coaligado, la enseñanza de arte, la teoría y la crítica del arte en este país también estaban fuera de los circuitos del arte universal, contemporáneo. La Documenta de Kassel, años ochenta, el prestigioso evento mundial sobre arte contemporáneo, era incomprensible para gran parte de artistas y críticos españoles. Pues todavía Joan Miró era considerado un pintamonas por la elite académica. El profesorado español se negaba a la visualización del arte contemporáneo en sus clases. Ni los profesores, ni los críticos, ni los planes de estudio estaban a la altura de los tiempos. Pero es que en los actuales planes de estudio, como ya he apuntado, se priman las asignaturas técnicas, como las matemáticas, las ciencias, y se minusvaloran la cultura, el arte, lo que supone una debacle intelectual. El arte ha perdido todo su valor como la amalgama capaz de relacionar y vislumbrar aspectos didácticos en todas las disciplinas científicas o humanísticas. Si con las nuevas generaciones de profesores en las escuelas de Bellas Artes se busca una mirada a este arte que se hace fuera de nuestras fronteras, esto se hace con un cierto aire de revancha contra todo lo anterior. De tal manera que no ha habido una transición, de Sorolla se pasa a la Documenta de Kassel. No se conoce como fue nuestra revolución estética, antes y después de la dictadura. No hemos analizado como nos quedamos fuera de la evolución hacia la modernidad, que sí se dio en el resto de Europa, y seguimos ahí, al mismo nivel educativo que Rumanía o Grecia.
No ha habido una regeneración de la cultura en España. Pasados cuarenta años, tenemos casi los mismos problemas, evidentemente con mejores infraestructuras, pero que no han repercutido en una mejor educación. Los pocos gestos no han sido asumidos por la sociedad, y la cultura, el arte, no tienen el peso que deberían. Así los artistas españoles siguen teniendo que marcharse fuera. Pero como el ser humano, independientemente de donde se ubique, es un ser artístico seguirá haciendo arte. Aunque sin apoyos, sin estructura, nos va a costar más, como siempre.

por Eduardo Lastres.

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