Isabel Rico en la Lonja – Eduardo Lastres

Iniciamos la tercera temporada de Arte Último 21 días, ciclo expositivo que venimos comisariando Guillermina Perales y yo mismo en la Lonja del Pescado de Alicante, con la propuesta fotográfica de Isabel Rico, una autora de honda formación tanto en la técnica analógica como en la moderna digital, que resuelve sus imágenes en una búsqueda más allá de la convención asumida en la fotografía, impregnada de los conceptos plásticos de la pintura.
La fotografía ha sufrido desde su nacimiento diferentes valoraciones y desarrollos, tanto técnicos como estéticos, que han evolucionado con una rapidez inusitada. En 1888, George Eastman creó la primera cámara, en una caja de madera, la llamó Kodak nº 1, con la frase de promoción “Usted apriete el botón y nosotros nos ocuparemos del resto”. Ese fue el inicio del imperio Kodak, el inicio de la industrialización de la fotografía, que supuso la democratización de las artes visuales y la gran revolución en los medios de comunicación, revistas, diarios y publicaciones de todo tipo. Pero pronto se estableció el debate sobre si la fotografía es o no arte. De hecho entre los mismos fotógrafos surgieron posturas muy encontradas. Incluso, hoy, están los que buscan un acercamiento Al arte por medio de las técnicas de positivado y revelado de la imagen, las nuevas técnicas digitales, mientas que otros, la fundamentan únicamente en su labor documental. Sin embargo, la fotografía ha sido un elemento primordial en la construcción de la imagen, tomando una importancia crucial en el mundo de la moda, del cine, con una profesionalización de la quehan surgido grandes fotógrafos, maestros de muchos otros, como Newton o Avedon. El reportaje de las dos guerras mundiales fue un verdadero acicate para fotógrafos como Robert Capa O Eddie Adams. La fotografía se popularizó, llegando a todos los niveles sociales, en los países industrializados, convirtiéndose en el referente imaginario del s. XX. Ya en las vanguardias rusas, los artistas profundizaron en su técnica dándole una dimensión más artística y experimental en la construcción de una nueva idea de individuo y sociedad, como podemos ver en las obras de Lissitzky, Moholy Nahy, Rotchencko, Boris Ignatovich, y la Bauhaus. Siguiendo esta tradición, Sigmar Polke, ya a mediados del XX, jugando con la química de los líquidos de revelado, derivó hacia una fotografía de investigación, confundiendo su lenguaje con el de la pintura. Pero la imagen fotográfica como tal cambia de concepto con el trabajo en la facultad de Bellas Artes de Dusseldorf por el matrimonio Becher. Una nueva mirada en la que en el registro frío y medido de una realidad se introducen conceptos sobre la escultura y la interpretación conceptual de la imagen. De hecho, aunque su irrupción supuso un cierto desprecio de gran parte de la crítica, en la decimonovena edición de la Bienal de Venecia le dieron el premio de escultura y el premio Hasselblad.. Isabel Rico nos ofrece en la Lonja, en La mística del paisaje, una mirada que condensa el espacio del paisaje convirtiéndolo en un espacio de resonancias pictóricas. El paisaje como género en la fotografía ha sido tratado, sobre todo desde los años ochenta, con un despliegue de medios en los que el gran formato ha jugado un papel importante, en el mostrado y exposición de la obra. Sin embargo, este paisaje contenía elementos de realidad de grandes sugerencias, en los que era evidente la materialidad de las formas y el registro fotográfico, no tanto documental pero sí realista. Sin embargo, los paisajes de Isabel Rico remiten a una visión de mayor complejidad, en tanto que los elementos visuales que los caracterizan sufren una difuminación o vibración, producto de técnicas ensayadas, que la artista ha buscado para conseguir estos efectos. Isabel ha penetrado en la propia estructura de las formas del paisaje. Su vinculación con las Bellas Artes, un deseo siempre presente en su obra, la ha llevado a buscar en el campo de la fotografía, pasando por todos los procesos tradicionales y de las nuevas tecnologías, la plástica del cuerpo humano, del bodegón, o del paisaje, llegando en la obra definitiva a una factura cercana al boceto, un dibujo apenas insinuado. El paisaje de finales del XX, dentro de la plástica contemporánea, toma un nuevo impulso con el artista multidisciplinar Gerhard Richter, que realiza una pintura al óleo figurativa paralelamente a su gran y más conocida producción abstracta. Nos desvela todo un mundo donde la figuración, que no realismo, contiene muchas de las características de la pintura tradicional alemana. Un sentido calmo de la mirada hacia el exterior, vinculada al amor por la naturaleza. De la misma manera, Isabel, viajando por cualquier parte de nuestra geografía, en algún momento, al final de la tarde, en un paisaje entre montañas y árboles, nubes, cuando la luz comienza a decaer y desaparecen los últimos vestigios de sol, en esa media penumbra, dispara su cámara para poder captar esa visión del espacio que nos remite al paisaje pictórico. Una pintura en la que aun estando muy claros los elementos que la componen: montañas, árboles, luces con toda una inmensidad de matices, una especie textura fluida recorre su superficie como en una visión que fuera capaz de desnudar al paisaje de todas sus convenciones realistas. ¿Abstracción? No, no hay abstracción, sino un proceso de síntesis, de búsqueda de lo esencial, para definir en estas obras, algunas de un formato muy exigente, la característica que solo una mirada pictórica es capaz de documentar con una cámara fotográfica.

por Eduardo Lastres

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