Guggenheim de Bilbao. “Francis Bacon, de Picasso a Velázquez”.- Eduardo Lastres

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Desde el 30 de septiembre hasta marzo del 2017, se presenta en el Guggenheim de Bilbao un amplio estudio sobre la trayectoria pictórica de Francis Bacon (Dublín,1909-2005, Madrid).

Una selección de obras que contempla no solo algunas de las pinturas de este artista irlandés, muchas de ellas desconocidas para el público español, sino también las de los autores del pasado y del presente del artista que le motivaron para crear su mundo, con algunas de las imágenes más impactantes del s. XX. Su pintura más significativa, la que le hizo famoso, empezó a tomar presencia a partir de 1946. Y sobre todo a partir de la impresión que le causó el cuadro de Velázquez, “El retrato del Papa Inocencio X” Pero lo más importante de esta exposición, además de la magnífica oportunidad que siempre supone ver obra de este autor, está en el hecho de mostrar sus raíces en el pasado del arte, su relación indiscutible con figuras como Matías Grunewald, Poussin, Degas, Van Gogh, Velázquez, El Greco y, sobre todo, Picasso.
Esta nueva visión del arte se ha instalado en los museos. Una nueva forma de ver el hecho plástico en sí mismo y de revisar la obra de un artista, analizando la relación fundamental con los que fueron sus referentes artísticos, las imágenes que le impactaron y que forman parte de su imaginario, y de las que se sirvió para realizar su obra. Ya artistas como Rubens declararon, cada uno en su momento, que el arte era una intensa relación entre el pasado y el presente, que los artistas debían recoger del arte del pasado las obras que consideraran importantes para su formación. Y esto, en casos como el de Rubens, se puede constatar en el análisis constante que realizó en sus múltiples viajes por Europa, Italia, Francia, España e Inglaterra. En Roma pudo ver la recuperación de los restos de la cultura antigua que fueron los cimientos para el surgimiento de una nueva concepción artística, social, filosófica…, el Renacimiento, lo que le llevó a Rubens a establecer relaciones entre estilos, formas de ver, y expresar el arte de su tiempo.
Esta muestra de Bilbao, con esta nueva estrategia museística, se centra en la obra de Bacon y en las obras, influencias recibidas de otros artistas, teniendo en cuenta la biografía de Francis Bacon, otra importante fuente a la que hay que recurrir si queremos entender el porqué de su obra artística, ya que durante su vida escribió un relato continuado mostrando sus opiniones en cuanto al arte y su obra. Las extensas entrevistas que mantuvo con importantes críticos, David Sylvester, Peter Beard y Hugh Davies, son motivo de análisis que se han reflejado en un importante libro Conversaciones con Francis Bacon. Los diversos videos realizados sobre su obra y sus opiniones inciden en su indudable conocimiento del arte, en sus opiniones siempre particulares. Un conocimiento que el autor siempre ha querido trasmitir.
En este momento en el que los museos compiten por generar una mayor afluencia de público, es importante resaltar la voluntad del nuevo concepto de la museística actual, su interés por contrastar con el público, en un diálogo abierto y claro, de todos los artistas de diferentes generaciones y tendencias, todas las ideas y conceptos fundamentales que en su confluencia son necesarios para el entendimiento de un artista tan complejo como Bacon. Ya el museo del Prado hizo lo propio con Pollock, confrontándolo con el Greco, Benton, Picasso y Miguel Ángel, dando al público esta información clave, en la que pueden sentirse los pasos, los caminos abiertos que el artista transitó a lo largo de su vida. Esta labor didáctica es indispensable para certificar más si cabe, en la historia del arte, cuáles han sido los hitos, los verdaderos caminos emprendidos por cualquier artista y a donde llegó con esa información. Esta es la manera para poder entender, o, al menos intentarlo, el porqué del arte, cómo se transmite, cómo se gesta, cómo, dentro de toda la complejidad del arte, de la vida, el artista llega a determinadas conclusiones. Y es quizás Bacon el artista que debe estudiarse, en estos momentos, dada su visión trágica, desmesurada, que, al mismo tiempo, busca acercarse a la realidad, para definir actitudes humanas en su dimensión más auténtica. En el análisis de su pintura debemos tener en cuenta, además del discurso artístico de los genios precedentes, la influencia del cine de Eisenstein, de objetos como la máscara mortuoria de William Blake, que conservó siempre, o de las fotos documentales de las consecuencias de la guerra mundial en los rostros y en los cuerpos de combatientes y ciudadanos, que dan como resultado ese desmembramiento, ese drama visceral de la carne, que ya había apuntado, visto, pintado, un artista gótico, Matías Grunewald.
Entender una obra de arte, una trayectoria, su dimensión plástica e incluso filosófica, implica siempre el análisis de sus referentes, hasta poder llegar al origen, para desde ahí discernir sus conclusiones o sus elecciones, muchas de las cuales se deben a sus monstruos infantiles, a sus vivencias personales, debilidades y fortalezas como ser humano. En Bacón su homosexualidad fue una vivencia que pintó, nos mostró, para así mostrarse él mismo

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