Conclusiones después de PHOTOALC – Eduardo Lastres

Terminado ya este Primer Encuentro Internacional de Fotografía, realizado en Alicante, podemos decir que ha marcado un antes y un después, no solo en cuanto a la presencia de la fotografía en los centros y galerías de arte de la ciudad, sino también en cuanto a su percepción como un registro artístico con múltiples posibilidades y campos de experimentación. Finalizado el evento, es un buen momento para reflexionar sobre las diferentes aportaciones de sus protagonistas. Algo que he intentado desarrollar en diferentes artículos en este diario, pero que es inabordable en este formato por la diversidad de los autores y espacios. En la conferencia que di en L´Espai, la relación de la fotografía y el concepto arte, planteé como la viven los artistas de diferentes disciplinas y profesionales de la fotografía a través de la revisión de este binomio, arte­fotografía. Este ejercicio me ha supuesto una profunda investigación sobre los fotógrafos antiguos y actuales, material del que yo no tenía un conocimiento exhaustivo pero que, para ser consecuente con el tema escogido en la charla, busqué analizar desde el punto de vista del artista plástico, como escultor o pintor, y distinguir las pautas por las cuales una obra adquiere el valor artístico. Y así, sobre esa idea, visualicé las diferentes líneas de trabajo de los artistas en los que constaté que la mayoría de los fotógrafos actuales tienen un conocimiento muy profundo del arte y de la pintura de todos los tiempos. Pero había que ir más lejos. No solo me podía limitar a la relación entre pintura y fotografía, sino que debía valorar que la dimensión que la obra de arte toma depende del conocimiento que el artista posea, no solo de la pintura, de la escultura o de la historia del arte, sino de otros campos como la literatura, la filosofía, la sociología y la historia. Y esto es lo que hace evolucionar el arte hacia caminos que hoy contemplamos. El fotógrafo como cualquier artista plástico vive de su conocimiento del arte universal, a través del cual analiza y concreta su manera personal de entender el espacio, la imagen, la composición, las formas, que indudablemente varían de un autor a otro. Esto me confirmaba otra de mis premisas a la hora de observar una obra de arte. La cual debe trasmitirnos todo el conocimiento del ejecutor, del propio artista, de tal manera que cuando la fotografía o la pintura o la escultura son el producto de una manualidad, sin otro fundamento que apoye esa obra, estamos no ante una obra de arte sino de artesanía, un artículo de aficionado. Esto que puede parecer complejo es sin embargo una de las causas por las que admiramos el arte. La obra de Velázquez, una referencia constante en mis escritos y conferencias sobre arte, no solo posé una sabiduría plástica excepcional sino que trasciende porque es capaz de trasmitirnos, además, algunas de las cuestiones importantes para el individuo como la idea de la muerte, la vida, el deseo, la idea de Dios…. Si antes de Velázquez la pintura reflejaba una realidad constreñida, dogmatizada por unos cánones que mediatizaban su concepción y factura, a partir, sobre todo de Las Meninas, aunque también de Las Hilanderas, nos recrea algo que era inconcebible en su momento como es la creación de un espacio, casi de escenario teatral, producido por un conjunto de iluminaciones y de juego de espejos, lo que supuso una visión que alteró el sentido tradicional del arte. Velázquez juega con el espectador de una forma absolutamente nueva, lo observa y es observado, establece un dialogo. Pero al mismo tiempo nos enfrenta a una realidad cotidiana alejada de la convención artística. Sus personajes se sitúan en el cuadro con naturalidad, algo que los pintores posteriores, pero sobre todo, los fotógrafos como Jeff Wall o Helmut Newton, o Gregory Crewson, este recurriendo a Hopper, y muchos más, aluden a Velázquez como el primer fotógrafo de la historia.
En estos días, he pensado sobre el futuro y el presente de la fotografía, llegando a la conclusión de que la fotografía está en un momento de verdadero esplendor, con una progresión casi infinita. Las nuevas tecnologías informáticas le han dado más posibilidades si cabe en esa trasgresión o respeto de la realidad. No cabe duda de que en estos momentos, la fotografía requiere un planteamiento técnico y conceptual tan importante como el dibujo, la pintura o la escultura. Su disciplina, en el ámbito académico de las Bellas Artes, alejada ya de los corsés que imponía una visión tradicional y documentalista, se nos revela ahora como un campo de investigación en el que desde el collage, la fragmentación, o incluso, desde una mirada más realista…, está ahí para proyectar nuestra visión del mundo, pudiendo alcanzar todas las cotas que el artista se proponga. Aunque, para ello será necesario poseer un conocimiento exhaustivo y profundo de la historia del arte. Porque solo el conocimiento de este bagaje casi infinito de imágenes podrá hacerle superar sus antiguos traumas. Y de la misma manera que la fotografía puede estar influida por la pintura, ésta influye, hoy también, sobre la pintura. Coexisten y conviven, se sirven la una de la otra, para crear imágenes, muchas de ellas todavía ni siquiera imaginadas como parte de ese futuro de las artes plásticas, que nos darán las pautas de una visión del arte contemporáneo.
(Thomas Strütz, uno de los fotógrafos más valorados en el circuito internacional del arte, actualmente exponiendo en España, comentaba a un diario nacional “… la pintura, su conocimiento, ha influido de manera absoluta en mi visión de la fotografía”).

por Eduardo Lastres.

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