SIEMPRE ENVIDIÉ…

Siempre envidié

Siempre envidié (y envidio) tus sorpresivos encuentros con estas desiguales bellezas que tus matemáticas o tu alquimia transforman en armónicas. Siempre te envidié (y te envidio) porque esos querubines o súcubos, vírgenes botticellianas o Ateneas góticas, eran tuyas y no mías… Pero no te creo cuando dices que quieres ser joven de nuevo; y no por dignidad, ni sentido común, ni pereza metafísica; simplemente porque desaparecería la mística de tus arrugas, y con ella tu infalible cebo.
J.L.R.