Beethoven y las mujeres.- Eduardo Lastres

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Ludwig Von Beethoven (Viena, 1770-1827) seguramente es el músico que más ha influido en la modernidad.

Alabado por el romanticismo tuvo su momento álgido con la Novena sinfonía, con un final coral que impresionó hasta el punto de provocar el llanto en el público, arrebatado por el sonido sublime y la combinatoria de voces y orquesta en los minutos finales de la obra. Con esta obra Ludwig Von Beethoven acaparó todos los calificativos de genio de la música, admiración que contrastaba con la imagen que se tenía de él de ser una personalidad difícil y rebelde que causaba temor en sus contemporáneos. Su famosa sordera, a temprana edad, le imposibilitó la relación correcta en su entorno, a pesar de lo cual tuvo grandes amigos y protectores que le preservaron en los momentos difíciles. El día que conoció a Goethe, el gran escritor y poeta alemán, paseando juntos por los jardines del balneario de Teplitz, al encontrarse con la emperatriz María Luisa de Austria-Este, se negó a saludarla con la reverencia protocolaria, siguiendo su camino, mientras que Goethe la saludaba con efusión. Al volver a reunirse con Goethe, le espetó su mentalidad de lacayo.
No puede decirse que Beethoven tuviera una relación fácil con las mujeres. En 1795, propuso matrimonio a Magdalena Willman pero fue rechazado por esta. Su vida sentimental se redujo a algunas relaciones con mujeres casadas y otras aventuras sin demasiada importancia, que sepamos para su vida emocional. Los grandes músicos, compositores, eran admirados como seres extraordinarios, dotados de una personalidad fuera de los cánones vulgares, en una sociedad ávida de las sensaciones musicales que estas grandes obras proporcionaban a todo tipo de público. Beethoven disfrutó de extraordinarios elogios, de ese status de genio, y las mujeres fueron, dado su maldito carácter, un punto más de disensión que solo aumentó su leyenda como personaje temible, insoportable para muchos, genial para todos.
Pero consideremos su música, su capacidad de gran creador, su valía como artista genial. En el análisis de su obra se aprecia una gran variedad de matices, desde la extrema calidad sensible de “El claro de luna” o la sinfonía Pastoral, hasta registros de una expresión artística creativa profundamente investigadora, que contemporizaba la visión del sonido más placentero con otros más exigentes. Es posible que su relación con algunas mujeres le sirviera para realizar obras en la que expresara su sentido más afectivo, más feliz que caracteriza estas dos obras. Por otra parte, en la pasión desprendida de la relación humana, podría contrastar su expresión más vibrante, como creador, esa visión de contemplador de la vida desde la óptica del inconformismo, de la relatividad ante los sucesos que le acaecieron, pero que sin duda le fortalecieron, quizás una de las claves del poder creador del artista. Así, como Van Gogh, desarrolló un potencial plástico a partir de la confrontación con su soledad, por su casi nula relación con el mundo, con la sociedad, así Beethoven, se valdría de su fuerte carácter y de su gran impulso creativo para ser crítico hasta el exceso, agria y socialmente problemático.
La mujer no jugó un papel importante en la música de su tiempo, su camino no fue fácil para ellas con respecto al hombre, pero se conocen mujeres que desarrollaron sus habilidades en la interpretación, como la hermana de Mozart, que recorrió las cortes europeas en su infancia y juventud junto a su hermano Wolfang Amadeus, y otras que no pudieron sobresalir en esa sociedad cerrada a las actividades artísticas de la mujer.
En la etapa final de su vida, Beethoven creó sus famosos últimos cuartetos, que no fueron entendidos hasta prácticamente el siglo XX, sobre todo por el gran público, pero tampoco por gran parte de los expertos; una música revolucionaria para su época, donde se expresa toda su capacidad de síntesis y el desarrollo de un sistema de armonía y de composición diferente; una obra compleja que ha servido para la creación de una nueva forma de entender y hacer la música que más ha influido en el siglo XX. En esta obra final tuvo como colaboradora a una joven aristócrata que le ayudó a reescribir algunas de sus obras y le asistió para poder dirigir él mismo, ya totalmente sordo, el estreno de la Novena Sinfonía. ¿Ficción o realidad? Seguramente una interpretación de la historia, de la biografía de los grandes creadores, para justificar que en el genio hay siempre una especie de admiración y reconocimiento por lo femenino, una unión con lo eterno más allá de la circunstancia. El caso es que Beethoven vivió una vida solitaria, cabreado con el mundo, pero, en lo artístico, tuvo una trayectoria plagada de aciertos y de invenciones musicales que le han dado el prestigio entre los creadores universales como gran genio del arte, comparable a Miguel Ángel Buonarotti, otro gran solitario, aunque por diferentes causas. Ambos artistas de genio a quienes les bastó su fuerte carácter para dar al mundo una visión nueva de las formas musicales, plásticas, estéticas…. Esa mala relación con el externo, con los otros, les condujo a dar ese máximo de sí mismos que solo un gran ser humano basándose en su propia fuerza puede realizar.

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