Pero qué es el arte, definitivamente. – Eduardo Lastres

14595624_1161897790562232_5274211705745808929_n

Definitivamente no podemos dar una respuesta concreta a esta pregunta, pues su enfoque depende del contexto en el que se vive cada momento, influido por la crítica más o menos especializada,

la revisión histórica, y su conocimiento y actualización en la opinión pública. Pero en definitiva el arte es la actividad primera en la que se manifiestan los seres humanos, en cualquier tiempo y lugar de la tierra. Qué significa esto, pues que, cuando el ser humano adquiere conciencia de su existencia, inicia su curiosidad por conocer el mundo, pero sobre todo a sí mismo y a los seres que le rodean y forman parte de su entorno. En ese concienciarse, en ese existir, pero al mismo tiempo, sentir qué somos, está la ilusión por conocer y aprender la manera de cómo conocer: mirando, observando el mundo, analizándolo, examinándolo, estudiándolo…. En ese proceso, el ser humano desarrolló el activo de visualizar y reproducir lo observado, para con ello poder trasmitir lo que puede interesar a la sociedad, a sus futuros miembros. Reproducir acciones de animales o humanos fue el primer experimento que el artista plasmó, crea un imaginario donde poder informar a los demás de lo que era de interés. Durante siglos, los misterios de la vida, la maternidad, la muerte, la naturaleza, fueron los principios sobre los que se generaron las imágenes: base de todo un desarrollo artístico. Pero cuando el ser humano deja la cueva, abandona el refugio y construye las primeras viviendas, la arquitectura, en ella comienza a esculpir, a dibujar, a pintar, acciones de la vida, de la guerra… La vida se convierte en el motivo de la creación de imágenes, sus protagonistas, reyes, faraones, etc., son quizás los primeros retratos, para qué, para fijarlos en la memoria de todos, para establecer ese principio de eternidad en el que el arte empieza a ser el arma contra el olvido. Así hasta casi nuestros días, con las diferencias propias de cada momento histórico, con sus cábalas y tendencias, con sus modelos y sus nuevas formas de ver, sus diferentes procesos de transformación. Pero a partir del Renacimiento, comienza a verse el arte como una actividad suprema en la que el artista, así llamado desde esa época, es el trasmisor de acciones múltiples, relacionadas con la vida, historias elaboradas a partir de la Biblia, en la cultura europea. Todo este material documental, repetido, reinterpretado, es nuestro fondo de imágenes que resueltamente nos define como lo que somos. Pero algo nuevo comienza a tener influencia en el poder de la imagen, el hecho de que su expresión sea conceptualmente diferente a lo anterior, lo reinterprete, lo transforme, lo signifique desde una visión propia. Porque lo que trasmite el arte siempre es mucho más complejo que lo que aparentemente vemos. Expresa conceptos que no son identificables con la realidad, como es el deseo, el amor, la duda, la vanidad, el egoísmo. Se complejiza la mirada, por primera vez se identifica el estilo, el carácter del artista, ser innovador, distinto, pero fiel a su tiempo.
Todo este complejo de ideas y conceptos, con respecto a la imagen producida por el arte, adquiere tintes de ejemplaridad, de excelencia. Comienza el mito los artistas son considerados como dioses, seres superiores, ante la masa y otros artistas de menor incidencia. Aquel que deja una huella imborrable en la sociedad…
A mediados del s. XIX, con la visión romántica, el artista puede/debe cambiar el mundo con sus ideas y sus obras, algo impensable siglos atrás. Ahora sí, ya es considerado un ser excepcional, dotado de cualidades únicas, su influencia se incrementará en un mundo más abierto y globalizado. Aunque su obra no será reconocida de inmediato, pues la sociedad rechaza las propuestas del arte nuevo cada vez más complejas. Pero con el tiempo las obras han sido valoradas desde diferentes perspectivas por los propios artistas y teóricos del arte. Y en este contexto de indefinición, de falta de argumentos definitivos para juzgar una obra de arte, surge la controversia, el debate entre los partidarios de dos sectores: el sector tradición y el sector innovación. Pero el arte no tiene que ver con una determinada filiación sectaria o unilateral, sino con la inteligencia. Y la innovación es el ley motif del arte, ese afán de transformar el arte anterior, de modificar las estructuras del pensamiento que lo creó.
Es complicado que aquel que no sabe ver en la historia del arte la continuidad del cambio, pueda entender el arte actual. Hay muchas teorías sobre lo que es arte y casi todas se contradicen. ¿Se debe mirar el arte únicamente desde el conocimiento, desde su práctica, o el ojo debe comprender sin esfuerzo todo el aparataje del arte? He ahí el auténtico dilema, conocer o no conocer, mirar con ojos cultos o no. Un debate que no acaba, pues el arte, aunque es una vía de transmisión de ideas y conceptos, es imagen y, como tal, puede ser visto desde distintas ópticas, lo que no nos puede dar una idea de unidad sino de controversia. La solución siempre está en la formación del individuo desde la base, desde la escuela, para hacer comprender que detrás de lo que vemos hay una compleja fuente de ideas que es necesario descubrir para llegar a entender qué es el arte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.